La dama de Brassempouy. Las Landas, Francia. sábado 1 de noviembre de 2008
domingo 17 de junio de 2007
viernes 8 de junio de 2007
Los vampiros contra las diosas
Para empezar, en términos que curiosamente aproximan a sociobiólogos y marxistas, suele admitirse que debió existir una tendencia a controlar la sexualidad femenina para asegurar la paternidad de la descendencia. Se supone que, con pretextos "naturalistas", se impuso finalmente una división social del trabajo que sometía a las mujeres a diversas formas de dependencia y precariedad y reservaba para ellas las funciones de reproducción y mantenimiento de la familia. Mientras tanto, se reforzaba ferozmente la estigmatización y la punitividad asociadas a la sexualidad extra-matrimonial, para asegurar la virginidad femenina antes de la boda y perseguir el adulterio de las mujeres hasta la muerte; literalmente hasta la muerte.
Un memorial de la era oscura podría representar a un grupo de energúmenos gritando mientras matan a una mujer a pedradas acusada de cabalgar sobre algún deseo sin los permisos preceptivos. Y el signo distintivo del crimen es, todavía hoy, la soledad de esa mujer, la ausencia de hombres de honor defendiéndola a sangre y fuego, haciendo bajas entre la chusma. Casi peor: la ausencia de otras mujeres junto a la mujer que va a ser asesinada. Cualquier memorial decente contra cualquier tiranía debe recordar que nuestra cobardía la hizo posible.
La conjetura sobre el control de la paternidad y la implantación de una división social del trabajo desfavorable a las mujeres parece tener algún fundamento, pero los datos disponibles no encajan siempre en ese esquema, y a veces lo cuestionan. De entrada, un relato del asalto contra la "matrística" debiera empezar recordando la existencia de una vieja Europa matrifocal (la Old Europa de Marija Gimbutas), con sus diosas pájaro y sus diosas serpiente, cuyo símbolo distintivo pudo ser la vulva, representada a través de un triángulo que, posiblemente, esconde el secreto de otras trinidades menos inspiradas. Y estamos hablando de culturas antiquísimas, que vienen del paleolítico y cuyos vestigios materiales sugieren que los cultos a la feminidad se prolongaron a lo largo de muchos milenios. Desde esa óptica, es el patriarcado el que constituye una anomalía que requiere explicación.
Las conjeturas de Marija Gimbutas sobre las sociedades matrifocales de la Vieja Europa han sido cuestionadas por otros autores pero, en la duda, partiré de sus hipótesis, sobre todo por razones de sensualidad y de estética. La oí reir en un reportaje, cuando ya era una mujer mayor y me enamoré. Sentí como su alegría podía devolver la vida a yacimientos arqueológicos donde aparecían vestigios de hace 30.000 años, inspirando un discurso de sentimientos y palabras que no necesita ser cierto en todos sus detalles para ser fructífero. A su lado, los provectos expertos que la censuraban constituían una cofradia de taxidermistas buscando desesperadamente un ser vivo para desecarlo. Hay quién es inútil hasta cuando tiene razón.
Partiendo de ahí, el primer gran asalto contra las diosas lo protagonizaron hace unos 7.000 años los pueblos indo-europeos, nómadas de la estepa que ocuparon progresivamente las tierras de la Vieja Europa sometiendo a sus gentes u obligándolas a huir. Los invasores eran ya como nosotros, es decir, muy peligrosos. Habían domado caballos, tenían armas de guerra y decidieron vivir en peñascos y cimas de difícil acceso, a la espera del próximo saqueo, de la próxima batalla. Jamás hubieran levantado un poblado hermoso junto a un lugar hermoso. Tal vez la mayor aportación de esa gente a la historia haya consistido en intuir que, una vez iniciados los enfrentamientos, la violencia recíproca tiende a reproducirse, tiende a cronificarse, se desarrollo en una especie de espeiral a lo largo de los siglos. Es decir, se produce una continuidad de los enfrentamientos a través de estructuras y circunstancias cambiantes; se insinua un único proceso aunque se transformen radicalmente los formatos, los nombres propios y los pretextos. Y hay quien teme que ese proceso continará, incesante, hasta que se produzca alguna forma de exterminio o hasta que todos los infieles sean castrados, vestidos de mujer y puestos a servir en los templos de la diosa. Afortunadamente, hay indicios de que eso no sucederá: ella nos prefiere enteros.
Continuará
jueves 31 de mayo de 2007
miércoles 30 de mayo de 2007
Los códices de Nag Hammadi
Así, el descubrimiento de los manuscritos de Nag Hammadi, en el Alto Egipto, constituye un hecho histórico en el que la realidad religiosa no ha tenido tiempo de maquillar su alma onírica. Los códices fueron descubiertos el mes de diciembre de 1945 en una tinaja de barro por unos campesinos que cavaban en las laderas de un montículo llamado Jabal al-Tarif, a unos 10 kilómetros de la localidad egipcio de Nag Hammadi. Significativamente, habían ido allí a recoger tierra fértil, abono, que debían transportar a sus campos de cultivo. Se dice que eran cinco labradores y dos conductores de camellos y, al cavar, Muhammed y Khalifah'Ali, miembros del clan de al-Samman, descubrieron fortuitamente la jarra. Primero temieron que contuviera algún espíritu peligroso y dudaron antes de abrirla, finalmente se impuso la esperanza de que contuviese oro y la rompieron de un golpe de azada.
La documentación disponible no nos permite establecer si, finalmente, los descubridores de los códices llegaron a percibir hasta que punto sus primeras intuiciones eran exactas: la vasija contenía oro alquímico y al romperla quedó libre un espíritu indomable que desde entonces anuncia la buena nueva: el universo también es hembra, Judas también es su hijo bien amado y dios es el orgasmo en el que se fusionan los opuestos.
Lógicamente, la reacción de aquellos descubridores fue de temor: intuían el poder del espíritu. Primero dividieron los códices en siete lotes, a partes iguales entre campesinos y camelleros pero, finalmente, temieron que podría tratarse de obras de brujería, y todos renunciaron a su parte en favor de Muhammed'Ali que acarreó los legajos haciendo un fardo con su túnica.
Una vez en su cabaña, aquel hombre valiente dejó junto al hogar, entre la leña fina, las cubiertas de algunos códices y algunas páginas sueltas que habían arrancado cuando intentaban distribuir el hallazgo equitativamente. Esas cubiertas y esas páginas sueltas serían utilizado para encender el fuego y, según el testimonio experto de las mujeres del clan ardían perfectamente. Muhammed 'Ali depositó el resto en manos de un sacerdote copto, Basiliyus'Abd al-Masih, por temor a la policia y al diablo que, entonces como ahora, andaba suelto.
Aquellos mismos días se estaban produciendo enfrentamientos entre clanes rivales en la zona de Nag Hammadi. Nadie recuerda los motivos de las refriegas ni el detalle de las bajas y las violencias. Por contra, Muhammed'Ali dejó dicho para la posteridad que la policía registraba con frecuencia las viviendas en busca de armas y, aunque no acusase directamente a nadie, decidió que su cabaña no era un lugar seguro ni para almacenar combustible de papiro, y depositó su hallazgo en casa del clérigo. El resto siempre lo produce un hombre a través de una mujer, o una mujer a través de un hombre: el cuñado del sacerdote, advertido por su hermana, intuyó la importancia del hallazgo y consultó el asunto con un anticuario de El Cairo...
martes 29 de mayo de 2007
El Himno a Isis
No tenemos noticias de la existencia de ninguna traducción directa de esta obra del copto al castellano, ni a ninguna otra lengua española, aunque sería razonable suponer que ya se haya realizado o que esté en proyecto de realizarse y se agradecería cualquier información al respecto. De hecho, sorprende que no exista ya esa traducción, de modo que la versión adjunta se mantendrá abierta a la espera de un trabajo más solvente. Es decir, se irá modificando a medida que se encuentren errores, omisiones o soluciones más fieles al espítitu del himno. Y si aparece una traducción solvente se intentará aportarla inmediatamente, sin más límites que los impuestos por sus propios autores.
Los fragmentos más difundidos en castellano (por ejemplo, los de Cohelo en Once minutos) suelen limitarse a los versos más llamativos y no indican el nombre del traductor, lo cual nos obliga a suponer que también se trata de traducciones indirectas. Digamos que han cumplido una función divulgativa pero no pueden sustituir el trabajo de los especialistas. Y a la espera de los expertos, aquí vamos a incrementar el desorden con otra traducción de una traducción, es decir, con otra retraducción, pero presentando (escalonadamente!) todos los fragmentos disponibles en francés e inglés, partiendo sobre todo de la traducción de George W. MacRae, por un lado, y la de Anne McGuire, por el otro. No hará falta añadir que soy el único responsable del desaguisado final, redactado sin conocimiento alguno del copto, ni más contexto narrativo o mitológico que unas largas charlas con las diosas de internet, luz en la noche, calidez en la desolación, sueño en el insomnio, caricia en la distancia... Benditas sean.
(Traducciones indirectas al castellano en "Los himnos lunares")
domingo 27 de mayo de 2007
viernes 25 de mayo de 2007
jueves 24 de mayo de 2007
martes 15 de mayo de 2007
La antigua Isidora: Isis la de los mil nombres
En términos generales, esas diosas representaban el culto a la naturaleza, a la fertilidad, al amor y a los placeres. Curiosamente, alguna de ellas también llegó a ser diosa de la guerra. Tal vez por ello, se afirma que Isis, junto a Deméter y Perséfone, se unieron para bendecir a los últimos clanes libres cuando decidieron emboscarse mientras la noche cristiana cubría la tierra. Deméter y Perséfone bendijeron a los emboscados en nombre del norte, mientras Isis los bendijo en nombre del sur; y luego se dispersaron por toda la tierra, dando lugar a los linajes fronterizos hasta nuestros días. Poco después, el emperador Justiniano ordenó cerrar el último gran templo de Isis, en Philae, Egipto, durante el siglo VI de la era oscura.
Las primeras menciones escritas sobre Isis proceden de la V dinastía, es decir de hace unos 4500 años. Corresponden pues al imperio antiguo, aunque según parece su culto se generalizó bastante más tarde, tal vez durante el nuevo imperio, cuando se intensificaron los contactos de Egipto con los cultos a Ishtar en Mesopotamia, o a Astarté que era el nombre fenicio de la Inanna sumeria. Isis acabó absorbiendo otros cultos a divinidades femeninas, empezando por el de Hathor que había constituido la versión egipcia de la diosa de la fertilidad. Y una vez asimliado el culto a Hathor, integró también el culto a las deidades equivalentes a Hathor en los paises cercanos, y siguió extendiéndose durante el imperio romano más allá de su área de influencia oriental, aunque no sin sin resistencias: el mismo emperador Augusto consideraba que el culto a Isis podía ser "pornográfico". Y, sin emabrgo, la dovoción siguió extendiéndose y asimilando o combinándose con otros cultos, incluso con los de Venus y Afrodita, hasta alcanzar el Támesis sobre la geografia terrestre, y la veneración del abrazo sobre la geografia del alma.
Finalmente se la conoció como Isis, la de los mil nombres, y en la época helenística era ya la deidad femenina predominante en toda la cuenca mediterránea. En la expansión de su culto no parecen haber influido especialmente las peculiaridades propiamente egipcias de los mitos originarios aunque, tal vez, la situación de la mujer en el Egipto antiguo, comparativamente más libre, pudo reforzar el atractivo de la deidad. En todo caso, con independencia de unas formas que fueron evolucionando en el tiempo y adaptándose a los nuevos entornos, Isis tendió a situarse en el centro de gravedad de la estructura mítica, representando la polaridad femenina: creaba y recreaba el cielo y la tierra, acunaba al huérfano, conocía a la diosa araña, acogía al humilde, era la reina del cielo, la madre de los dioses, la dama del cereal verde, la señora de las palabras de poder, era la luz en el cielo... pobre Ra, dios sol sin luz en el cielo. Isis era el todo y un aspecto del todo, una sin segundo.
Ser el todo y, a la vez, ser sólo la parte femenina del todo supone un completo desinterés por la lógica humana, y tal vez ahí enraiza precisamente su poder arquetípico. Quizá esa contradicción muestre el misterio de Isis mejor que nuestras pocas noticias sobre los ritos mistéricos: la unidad de lo distinto, de lo opuesto. La mitología representó esa unión de la diferencia en forma de nudo, y de manera harto más figurativa rememorando como la diosa recompuso a su esposo, Osiris, asesinado y troceado, para resucitarlo por un día, y ser fecundada por él. Pero en el momento de recomponerlo, Isis observó que el sexo de su esposo era irrecuperable: un cangrejo lo había devorado. Entonces moldeó un nuevo sexo con oro y le devolvió la vida no sólo con su aliento, sino besándolo, introduciéndoselo en la boca, succionándolo, hasta que unidos en un abrazo ya fértil, ofreció su matriz abierta, sus ovarios, a todos los mares y aquel esposo que sólo tenía un día de vida le fecundó el vientre y el alma. Hay quién dice que ese día ha durado hasta hoy.
De todos modos, durante la era oscura, Isis también tuvo que ocultarse, y su devoción pública desapareció. En la Academia aseguran que ya forma parte de las religiones muertas, pero algunos sospechan que ha sobrevivido bajo otros nombres o emboscada en los sueños. Y creo que esa opinión está justificada. Cuando abro bien los ojos creo reconocer a las hijas de la diosa por todas partes: en una conversación casual, en una película sin pretensiones, en los templos profanados, en una charla virtual, en cualquier parte. Mañana mismo iré a renovarle discretamente mi juramento de fidelidad en un templo cercano a Barcelona en el que la llaman Verge de Montserrat.
Isis resucitando a su esposo
Pschyrembel Wörterbuch Sexualität, p.140 de un papiro egipcio
http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Fellatio_Isis_Osiris_
Advertencia a pie de foto: La autora de “Cuando llega la noche”, que ha recopilado y reelaborado tantas imágenes encantadores (http://www.cuandollegalanoche.blogspot.com/), me advierte que hay disponibles en Internet variantes de esta Fellatio a Isis, y me adjunta una, haciéndome notar que los colores están sospechosamente bien conservados y que ha sido recortada de modo que no aparecen los jeroglíficos. La imagen expuesta aquí, en blanco y negro, está tomada de wikipedia donde se cita como fuente un diccionario alemán sobre sexualidad. No es una referencia suficiente, pero doy por descontado que refleja aceptablemente un original auténtico sobre papiro.






